Una conversación que he oído decenas de veces, siempre igual, en contextos distintos: «He comprado la casa, es una inversión».
¿Es cierto? Depende.
Si estás viviendo en esa casa, pagas las cuotas de la hipoteca, pagas los impuestos y el mantenimiento y las facturas —y durante catorce años esa casa te va a pedir cifras sin devolverte un euro hasta el día en que la vendas (si es que la vendes alguna vez)—, entonces no es una inversión en el sentido ordinario del término.
Es una elección de vida, quizá acertada, quizá incluso sensata en lo económico a largo plazo, pero no es un instrumento que trabaje para ti.
Es un instrumento para el que trabajas tú.
La distinción entre estas dos categorías de «cosas que posees» es probablemente lo más importante que aprenderás sobre tu vida financiera.
Es también, sorprendentemente, lo que la mayoría de las apps de finanzas personales y de los asesores tradicionales tiende a difuminar.
Cashfulness la pone en el centro.
La llamamos distinción entre Activo+ y Activo−, y una vez que la ves, ya no consigues dejar de verla.
Qué es un Activo+
La definición operativa es sencilla: un Activo+ es algo que posees y que, mientras lo posees, te produce un flujo de caja positivo o una expectativa documentable de rendimiento.
Trabaja para ti.
Algunos ejemplos concretos, sin pretensión de ser exhaustivos:
- un piso alquilado, que te produce una renta mensual;
- un piso comprado con la intención de revenderlo a un precio más alto en el futuro (Activo+ por plusvalía, aunque mientras tanto no produzca un euro);
- una posición en acciones (por los dividendos periódicos, por la plusvalía en la venta, o por ambas cosas);
- un fondo que crece con el tiempo por cupones, dividendos, capitalización o aumento del valor de la participación;
- bonos (por los cupones periódicos, por la diferencia entre el precio de compra y el precio de amortización o venta, o por ambas cosas);
- una participación en una actividad empresarial que genera beneficios o que se revaloriza con el tiempo;
- una obra del ingenio (un libro, una patente, un software) que produce derechos de autor o licencias.
¿Qué tienen en común todas estas cosas? Trabajan para ti.
Lo hacen de dos maneras posibles: te producen flujos periódicos (rentas, dividendos, cupones, royalties), o bien se revalorizan con el tiempo y esa ganancia la realizas en el momento de la venta.
A menudo las dos cosas a la vez. Cuenta cualquiera de las dos: una expectativa fundada y documentable de rendimiento basta para hacer de un bien un Activo+.
Tú no haces (casi) nada —más allá de las decisiones iniciales y de alguna decisión de gestión— y algo te vuelve, hoy o mañana.
No es mágico, es el funcionamiento del capital productivo, y una vez que has construido una base sólida de Activo+ empieza a componer con el tiempo a tu favor.
Un matiz importante, que a menudo se pierde en el lenguaje corriente: no todo lo que posees y tiene valor es automáticamente un Activo+.
Lo que decide es la intención y la función.
Un piso puede ser un Activo+ de dos maneras: o lo alquilas y te produce una renta, o crece de valor y lo revenderás a un precio más alto. Incluso un piso vacío puede ser a todos los efectos un Activo+ si tu intención operativa es la reventa futura; quizá prefieres no alquilarlo para evitar ataduras contractuales y tenerlo disponible de inmediato para vender.
Se convierte, en cambio, en un Activo− cuando lo usas con fines personales: la segunda vivienda de vacaciones o de fin de semana, aunque crezca de valor de mercado con el tiempo, es un instrumento de consumo. Te da placer, tiempo con la familia, recuerdos, pero no trabaja para ti. Te pide mantenimiento, impuesto sobre bienes inmuebles, facturas, comunidad.
La eventual plusvalía en el momento de la venta será una ganancia puntual, pero mientras tanto era a todos los efectos un coste de posesión.
Qué es un Activo−
La otra cara de la moneda.
Un Activo− es algo que posees y que, mientras lo posees, te pide flujos de caja de salida para mantenimiento, impuestos, costes, depreciación.
Tú trabajas para él.
Algunos ejemplos:
- el coche, con su depreciación, el impuesto de circulación, el seguro, el mantenimiento, el combustible;
- la vivienda habitual, con la hipoteca, el impuesto sobre bienes inmuebles cuando corresponde, el mantenimiento, las facturas, los gastos de comunidad;
- la segunda vivienda de vacaciones usada con fines personales (vacaciones, fines de semana), con su mantenimiento, sus impuestos, su comunidad, sus facturas: aunque crezca de valor de mercado con el tiempo, mientras la uses tú no trabaja para ti.
¿Qué tienen en común? Tú trabajas para ellos.
No son malos y no hay que evitarlos: el coche hace falta, la casa es esencial, la segunda vivienda te da tiempo y afecto.
Son sencillamente costes de posesión, y hay que tratarlos como tales en el plan de cuentas, sin romanticismos y sin moralismos.
Una nota importante: los bienes de consumo menores —el armario, los electrodomésticos corrientes, los pequeños bienes de la vida diaria, los útiles de las aficiones— no los tratamos como Activo− en el balance general.
Son costes del periodo: los registramos como gastos cuando los compras, y ahí acaban.
Si por casualidad revendieras una prenda o un objeto pequeño en una plataforma de segunda mano, es un pequeño ingreso extraordinario (en contabilidad se llama ingreso extraordinario), no la realización de un bien que tuvieras registrado en el balance.
La diferencia es importante: llevar al balance general cada pequeño bien de consumo de la casa haría estallar la complejidad sin añadir claridad.
Una aclaración importante que evita confusiones: un Activo− no es un pasivo.
Los pasivos, en lenguaje contable, son las deudas: la hipoteca es un pasivo, el préstamo del coche es un pasivo.
Un Activo− es algo que posees, que vale algo, y que te cuesta dinero por el hecho de poseerlo.
Cashfulness mantiene estas tres categorías bien separadas (Activo+, Activo−, Pasivo) porque significan cosas distintas y se comportan de manera distinta con el tiempo.
Por qué Cashfulness pone esta distinción en el centro
No es una decoración.
Cuando creas una cuenta nueva o un bien nuevo en Cashfulness, te pedimos que lo clasifiques como Activo+ o Activo−.
Es una elección de arquitectura, no de etiqueta.
De aquí nacen tres consecuencias prácticas.
La primera es que el cuadro de mando te muestra la proporción Activo+ / Activo− en tu patrimonio.
No solo el importe, sino la composición.
Si hoy estás en treinta-setenta, sabes hacia dónde vas.
Si quieres moverte al cincuenta-cincuenta en tres años, tienes un objetivo concreto y numérico, no un propósito vago de «invertir más».
La segunda es que cada nueva decisión de compra se pesa contra esta rejilla.
La pregunta «esta cosa que estoy comprando, ¿es un Activo+ o un Activo−?» se convierte en el primer filtro mental, incluso antes que el precio.
No para decir automáticamente que no a los Activo− —sería absurdo, y de hecho seguiremos comprándolos porque muchos son necesarios o placenteros—, sino para saber qué estamos haciendo.
La tercera es que el discurso sobre la independencia financiera deja de ser abstracto.
La definición operativa es banal: independencia financiera significa tener suficientes Activo+ como para cubrir tus gastos ordinarios.
Punto.
Cuando llegas ahí, eres libre en sentido estricto: tu capital trabaja para ti lo suficiente, y ya no estás obligado a trabajar para pagarte la vida.
No significa que vayas a dejarlo —muchos siguen por elección—, pero significa que podrías.
¿Qué cambia mentalmente en quien empieza a pensar en estos términos?
Deja de mirar sus bienes como un saldo estático («tengo tanto en el banco») y empieza a mirarlos como una composición.
De cada cien que tengo, treinta están trabajando para mí y setenta están costando.
Este desplazamiento es ya la mitad del trabajo, y es lo que permite que las decisiones siguientes sean informadas en vez de instintivas.
Una advertencia importante antes de seguir.
La vida no es una rejilla perfecta, y Cashfulness no es una app rigorista.
Hay bienes mixtos: un coche usado también para una actividad profesional es en parte un Activo+ (genera ingresos) y en parte un Activo− (genera costes); puedes clasificarlo como te parezca más honesto.
Hay elecciones de vida que tienen razones no financieras y están bien así —la casa familiar, el barco del fin de semana, el instrumento musical que te da placer—: son Activo− en el plan de cuentas, pero no por ello equivocadas.
Cashfulness no te dice qué debes poseer.
Te dice qué estás poseyendo.
Las decisiones siguen siendo tuyas.
La idea práctica
Si tienes que llevarte una sola cosa de este artículo, que sea un pequeño ejercicio.
En la próxima decisión de compra relevante —un coche, un viaje, un mueble, una inversión, un curso, lo que sea— prueba a pararte treinta segundos antes incluso de mirar el precio, y pregúntate tres cosas.
Esto, mientras lo poseo, ¿me produce un flujo o me lo pide?
Es la primera pregunta. Respuesta seca: produce, pide, o ambas cosas y en qué proporción.
Si me lo pide, ¿es un coste que acepto conscientemente porque me da un valor no financiero?
No todo tiene que producir flujo.
Pero debe quedar claro que estás pagando por algo que no es un retorno económico, y qué es ese algo.
¿Estoy equilibrando este Activo− con suficientes Activo+ en mi patrimonio global?
Una decisión aislada cuenta poco.
Cuenta la composición que resulta de ella, y la trayectoria que esa composición dibuja en los próximos años.
Tres preguntas, treinta segundos, nada complicado.
No es un ejercicio de austeridad: no te pide renunciar a nada.
Es un ejercicio de conciencia.
El resultado es que, incluso cuando compres cosas que te piden dinero (y lo harás, es la vida), sabrás exactamente qué estás haciendo, por qué lo estás haciendo, y cómo encaja en el mapa más amplio.
En Cashfulness esta lógica está escrita en el código.
El cuadro de mando te la muestra. El plan de cuentas la exige.
Pero puede empezar incluso antes de descargar la app: puede empezar hoy, con un simple hábito mental que aplicas a la próxima cosa que estás a punto de comprar.
La distinción entre Activo+ y Activo− está también en el corazón del libro que escribí, Strategie per la Finanza Personale (en italiano), donde la cuento con ejemplos prácticos y con GNUCash como herramienta didáctica. Si quieres una lectura de fondo antes incluso de probar la app, lo encuentras en Amazon.
Si quieres ver cómo se traduce la distinción en una app concreta, te esperamos en la lista de espera de la beta en cashfulness.com/beta.
Y en el próximo artículo hablaremos del motor que permite todo esto: la partida doble, una técnica de seiscientos años que hoy es más relevante que nunca.
— Vittorio